El día 9 aterricé en París. El viaje venía con algunos cambios de hora porque habían alertado de tormentas fuertes en Barcelona, pero eso no me quitó ni un ápice de las ganas. Sabía que, de una forma u otra, el sol iba a lucir durante este evento. Aunque fuera un sol figurado.
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Quise llegar un día antes precisamente para eso: para llegar con calma. Instalarme en el hotel, situarme un poco y comprobar desde allí cómo llegar a la Maison de la Chimie, donde se celebraba la Three.js Conf.
Ya llevo unos cuantos eventos a mis espaldas y hay una cosa que tengo bastante clara: no me gusta ir corriendo. Me gusta disfrutar también de la ciudad donde se celebra el evento, porque sé que una vez empiece todo probablemente no tendré tiempo de ver prácticamente nada.
Así que ese día me lo reservé para eso. Dar una vuelta por París. Estar tranquilo. Yo solo. Sin prisas.

Y la verdad es que el hotel, aunque estaba a las afueras de París, no podía estar mejor situado. Estaba en Montrouge, un barrio tranquilo, limpio y agradable, pero muy bien comunicado. Tenía el metro a apenas dos minutos andando y, desde allí, estaba a unos quince minutos del lugar de las conferencias.
Justo lo que quería: estar fuera del ruido, pero suficientemente cerca como para no convertir cada desplazamiento en una aventura.
Las primeras caras conocidas
Al día siguiente me planté allí tempranito. Tan temprano que todavía estaban montando algunas cosas, así que aproveché para hacer algo bastante más francés: tomarme tranquilamente mi café au lait con un croissant.
En la mesa de al lado había tres personas hablando en español. Las escuché de fondo, pero tampoco les presté demasiada atención. No suelo ser muy chafardero y normalmente estoy bastante a mi bola, así que hasta bien avanzada la conversación no empecé a relacionar aquello con nada tecnológico.
Lo divertido es que uno de ellos era ni más ni menos que Mr.doob, el creador de Three.js.
¡Qué empanado soy!
Entre que soy tímido y que una cosa es reconocer a alguien por una foto o un avatar y otra muy distinta verlo sentado a dos metros de ti tomando café, no caí en quién era. La gente cambia bastante cuando pasa de unos cuantos píxeles en una pantalla al mundo real.
Y ya me pareció una buena anécdota para empezar el día.
Un poco antes también había visto llegar a Bruno Simon a la Maison de la Chimie. Pero era muy temprano, se le notaba cierta cara de sueño y yo no soy precisamente de los que asaltan a alguien por la calle porque lo reconocen.
Soy bastante discreto para estas cosas.
De hecho, suelo disfrutar mucho estando un poco al margen, observando lo que ocurre, viendo llegar a la gente y sonriendo. Y aquella mañana, sin haber empezado todavía oficialmente la conferencia, ya estaba disfrutando.
Antes de viajar ya os conté en «Calentando motores para la Three.js Conference» qué esperaba encontrar en París. Ahora tocaba comprobar cuánto de aquello iba a encontrarme de verdad.
Y empezaron las charlas
Y entonces empezó realmente la Three.js Conference.
En cuanto comenzaron las primeras presentaciones me di cuenta de una cosa: iba a ser imposible quedarme con todo.
Había proyectos muy distintos entre sí. Experiencias artísticas, herramientas, juegos, instalaciones interactivas, proyectos comerciales, experimentos técnicos y gente llevando Three.js a lugares que yo todavía ni me había planteado.

Y eso era precisamente lo que había ido a buscar.
No quería volver de París sabiendo simplemente un poco más de Three.js. Para eso ya tengo cursos, documentación y muchas horas por delante del ordenador. Quería ampliar mi idea de lo que se puede hacer con esta tecnología.
Y ahí empezó a pasar.
Algunas charlas eran bastante técnicas y otras mucho más visuales o creativas. En unas estaba tomando notas mentalmente sobre rendimiento, optimización o nuevas posibilidades del navegador y, diez minutos después, aparecía alguien enseñando una experiencia completamente diferente que me hacía pensar en otra cosa.
Hubo momentos en los que directamente dejé de intentar procesarlo todo.
Preferí mirar.
Ver qué estaba haciendo la gente, cómo mezclaban diseño, programación, 3D, sonido, interacción y experimentación. Y empezar a guardar ideas en esa especie de cajón mental que luego, cuando vuelves a casa, empieza a abrirse poco a poco.
Eso es exactamente lo que me está pasando ahora.
Y algunos ejemplos dejan bastante claro hasta dónde llega esa variedad.
En las lightning talks, por ejemplo, apareció Spirit Plant, una instalación interactiva creada para el pabellón de Polonia en la Expo de Osaka 2025. Los visitantes podían crear plantas digitales mediante interfaces táctiles, ver cómo aparecían en distintas proyecciones y terminar incorporándolas a una especie de jardín colectivo. Todo conectado mediante tecnologías web. Es uno de esos proyectos que, si no lo hubiera grabado, probablemente hoy ya tendría medio olvidado entre todo lo que vimos.
También hubo propuestas mucho más técnicas. Una de las que me llamó la atención mostraba una API experimental que intenta acercar HTML y Canvas para poder combinar la libertad visual de WebGL con cosas que normalmente damos por hechas en una web: texto seleccionable, accesibilidad, traducción o elementos HTML reales.
Y luego estaba todo lo relacionado con rendimiento, optimización y la realidad de llevar estos proyectos a producción. No solo se enseñaban demos bonitas. Se hablaba de reducir geometría, adaptar calidad según el dispositivo, trabajar con las limitaciones de memoria de los móviles o pensar la optimización desde el principio del proyecto.
También hubo juegos, herramientas de creación, configuradores, motion graphics en tiempo real, experimentos con IA y proyectos donde el 3D salía directamente del navegador para mezclarse con instalaciones físicas.
Ahí fue donde empecé a confirmar algo que ya intuía antes de viajar: Three.js no es simplemente una librería para poner un objeto 3D bonito dentro de una web.
El abanico es muchísimo más amplio.

Y una de las charlas que más me gustaron fue la de Bruno Simon. No tanto porque hablara de una tecnología concreta, sino porque habló de algo que me interesa especialmente ahora mismo: qué hace que una web sea realmente memorable.
Animación, rendimiento, interacción, sonido, originalidad, dar libertad al usuario, iterar rápido… muchas de las ideas que enseñó conectan directamente con la dirección que quiero explorar en mis propios proyectos.
Pero esa charla merece que vuelva a ella con bastante más calma.
Esto no acaba aquí
Podría seguir escribiendo bastante más sobre todo lo que vi durante esos dos días, pero creo que sería un error intentar meterlo todo en una sola entrada.
Hubo muchas charlas, proyectos, herramientas e ideas. Algunas las entendí perfectamente en el momento y otras todavía las estoy asimilando. De hecho, mientras ordeno las fotografías, reviso las notas y vuelvo a algunas de las cosas que se enseñaron allí, sigo encontrando detalles que se me habían quedado por el camino.
Así que habrá más contenido sobre la Three.js Conference.
Quiero hablar con más calma de algunas de las charlas, de proyectos concretos que me llamaron la atención y, sobre todo, de algunas ideas que me he traído a casa y que ya estoy empezando a relacionar con mi propio trabajo.
Prefiero hacerlo así.
Sin intentar comprimir dos días tremendamente densos en una entrada interminable y dejando que algunas de esas ideas reposen un poco antes de escribir sobre ellas.
Porque todavía estoy procesando muchas cosas.
Pero si antes de viajar decía que hacía tiempo que no estaba tan emocionado con un evento, puedo decir que he vuelto de París todavía con más ganas de seguir aprendiendo, experimentando y creando.