La inteligencia artificial está avanzando muy rápido y es fácil quedarse en la discusión habitual: si nos va a quitar el trabajo, si las imágenes que genera son mejores o peores o cuál es el último modelo que ha salido.
En este episodio quiero hablar de otra cosa: de cómo estoy utilizando la IA para contar historias a partir de mi propio trabajo como artista 3D.
No tengo un flujo de trabajo definitivo ni pretendo venderte una fórmula cerrada. Estoy experimentando, probando herramientas y descubriendo posibilidades que hace unos años habrían requerido mucho más tiempo.
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La IA como herramienta para explorar ideas
Los artistas siempre hemos trabajado con referencias: fotografías, películas, renders, cámaras, iluminación o composiciones. La diferencia es que ahora podemos partir de una idea propia y explorar muchas variantes de una forma mucho más concreta.
Puedo crear un blocking sencillo en Blender, decidir la composición de una escena y preguntarme cómo funcionaría con otra iluminación, una cámara diferente o un ambiente nocturno bajo la lluvia. No parto de cero ni espero a que una herramienta decida por mí: parto de una decisión creativa que ya he tomado.
El criterio artístico no desaparece
La IA puede generar muchas imágenes, pero eso no significa que todas sean buenas. Algunas funcionan, otras no y muchas se parecen demasiado entre sí. Son resultonas, pero no cuentan gran cosa.
Ahí es donde sigue teniendo valor la experiencia. Conocer composición, lentes, iluminación, color o narrativa visual te permite seleccionar, descartar y dirigir. Cuanto más potente es la herramienta, más importante es saber qué quieres conseguir con ella.
Blender, ComfyUI y el control de la imagen
Una de las combinaciones que más estoy explorando es Blender con ComfyUI. Los Cryptomattes y las máscaras me permiten mantener el control sobre la imagen: decidir qué parte puede modificar la IA y cuál debe permanecer intacta.
Por ejemplo, puedo conservar la composición, los materiales y la iluminación de un render, y pedir cambios solo en una pared, unos azulejos o la acera. La IA deja de ser una caja negra a la que entregas una imagen completa y se convierte en una herramienta que puedes dirigir.
Cuando un render empieza a contar una historia
Lo más interesante para mí no es únicamente ahorrar horas de render. Es poder utilizar ese tiempo para añadir capas de historia a una escena.
Una puerta que se abre. Las hojas de los árboles moviéndose con una pequeña brisa. Una chica que mira desde una casa cómo un coche se aleja. Una luz que se apaga y otra que se enciende. Son detalles pequeños, pero cambian por completo la forma en la que vemos un render.
De repente ya no estamos viendo solo una casa modelada, texturizada e iluminada. Empezamos a preguntarnos quién vive ahí, qué ha ocurrido o por qué se marcha ese coche.
No quiero delegar la historia
No quiero que todo el proceso se limite a escribir un prompt y aceptar lo que salga. Quiero decidir quién es el personaje, qué ropa lleva, dónde está, cómo es el escenario y qué iluminación tiene la escena.
La IA puede ayudarme a materializar una idea, pero no quiero que decida qué historia contar. Esa parte sigue siendo humana.
La IA no te va a quitar el trabajo. Te lo puede quitar una persona que sepa utilizarla.
La gran oportunidad no está en producir más imágenes sin pensar. Está en liberar parte del tiempo técnico para probar, explorar y contar historias que hasta ahora no habíamos tenido tiempo de desarrollar.
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